Volvemos al coche. Nos esperan tres aldeas de tribales con sus respectivos
hostels en el bosque, concretamente de la tribu Gouli. En todos ellos nos han
regalado flores, bailes, canciones, oraciones y sonrisas infinitas de
bienvenida. En ninguno de ellos existe algo más de un aparato de música,
ninguno tiene una tele aunque sea para distraer y aprender.
Anil ha seguido soltando lastre. Nos ha hablado brevemente de la vida de
Lalitha. A los once años abandona los estudios para trabajar en diferentes
casas. El la reclama para el hostel puente. Después regresa a Anekal de donde
vino a Mundgod para ser maestra tras superar el college. Ahora está en segundo
haciendo las prácticas. Posteriormente ella misma nos ha contado sus andanzas.Anil se ha referido a los adivasi de Bijapur. Las niñas dalit son entregadas al templo con catorce/quince años donde cualquiera puede hacer uso de sus “servicios”. Esto se mantiene de generación en generación porque sus propias madres son prostitutas.
Los jesuitas han sacado a 80 niñas de esta situación con el apoyo del gobierno. Se ha prohibido legalmente esta tradición. Su hostel molesta mucho a la gente de las castas altas.
Ha acabado subrayando
su interés porque TALDEKA conozca esta Misión el año que viene.
También nos ha hablado del mantenimiento de los doce de estas aldeas. Mantenidos por una organización holandesa hasta el año pasado, el inicio de la crisis en este país derivo en el final de la ayuda. Anil nos hace saber que la verdadera razón estriba en que el director de esta ONG en Bangalore procede de Tamil Nadu. Este prefiere destinar las ayudas a su Estado y además exige una comisión por las ayudas recibidas.
Al final de la mañana de un domingo le hemos preguntado acerca del tiempo libre de esos jóvenes que viven en lugares tan alejados de casi todo que no tienen ni televisor. Anil nos ha explicado cómo dedican un tiempo extra a los estudios, además de hacer las labores de casa, porque para aprender lo mismo que los demás, ellos deben esforzarse mucho más porque se trata de la primera generación de estudiantes de sus respectivas familias. En castellano castizo “son los que se comen el marrón”.
Ha llegado el momento del cambio de “Boss”. Acto seguido nos han modificado
los planes del día. Queríamos descansar, es decir no hacer nada pero Anil
D’Souza acababa de conocer un lugar que le ha parecido de interés turístico
para nosotros y que estaba a media hora de nuestra casa. Lo cierto ha sido que
hemos tardado una hora en llegar, de día, nos hemos deleitado con el paseo. El lugar, sí pero
bueno, una reproducción de la vida en diferentes castas de Karnataka que ya las
habíamos vivido.
Fue el 2002 cuando tuvo que dejar la escuela con once años. Esto se debió a que su padre abandonó a su segunda mujer, la madre de Lalitha. Trabajó en varias casas en Bangalore y otros sitios durante dos años y fue a aterrizar como ayudante de la cocinera anterior a la actual a Jnana Jyothi.
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