Día 18 de agosto. Mundgod. Los hostel del bosque-selva

Volvemos al coche. Nos esperan tres aldeas de tribales con sus respectivos hostels en el bosque, concretamente de la tribu Gouli. En todos ellos nos han regalado flores, bailes, canciones, oraciones y sonrisas infinitas de bienvenida. En ninguno de ellos existe algo más de un aparato de música, ninguno tiene una tele aunque sea para distraer y aprender.


Anil ha seguido soltando lastre. Nos ha hablado brevemente de la vida de Lalitha. A los once años abandona los estudios para trabajar en diferentes casas. El la reclama para el hostel puente. Después regresa a Anekal de donde vino a Mundgod para ser maestra tras superar el college. Ahora está en segundo haciendo las prácticas. Posteriormente ella misma nos ha contado sus andanzas.



Anil se ha referido a los adivasi de Bijapur. Las niñas dalit son entregadas al templo con catorce/quince años donde cualquiera puede hacer uso de sus “servicios”. Esto se mantiene de generación en generación porque sus propias madres son prostitutas. 





Los jesuitas han sacado a 80 niñas de esta situación con el apoyo del gobierno. Se ha prohibido legalmente esta tradición. Su hostel molesta mucho a la gente de las castas altas.                            
                                                                                                  

 

Ha acabado subrayando su interés porque TALDEKA conozca esta Misión el año que viene.



También nos ha hablado del mantenimiento de los doce de estas aldeas. Mantenidos por una organización holandesa hasta el año pasado, el inicio de la crisis en este país derivo en el final de la ayuda. Anil nos hace saber que la verdadera razón estriba en que el director de esta ONG en Bangalore procede de Tamil Nadu. Este prefiere destinar las ayudas a su Estado y además exige una comisión por las ayudas recibidas. 



Señala una circunstancia concreta mientras el propio Anil estaba en Mundgod. El citado director le pidió el cierre de dos hostel para que él tuviera su parte. Anil se negó e hizo saber este hecho al jefe de Holanda. Desde Europa lo arreglaron pero, aduciendo la crisis, se acabó la ayuda.

Una vez más nos hemos encontrado en una aldea en la que la gente era pobre. Le hemos preguntado si ayudaban a esa gente. Anil nos ha explicado que era gente de castas superiores y nos ha puesto un ejemplo, que viene a ser el suyo en estos casos: si tú riegas dos plantas, una dalit y otra de casta superior, al cabo de un tiempo una sale fortalecida (tenía raíces) mientras la otra crece muy lentamente (un entorno débil sin educación ni dignidad).


Al final de la mañana de un domingo le hemos preguntado acerca del tiempo libre de esos jóvenes que viven en lugares tan alejados de casi todo que no tienen ni televisor. Anil nos ha explicado cómo dedican un tiempo extra a los estudios, además de hacer las labores de casa, porque para aprender lo mismo que los demás, ellos deben esforzarse mucho más porque se trata de la primera generación de estudiantes de sus respectivas familias. En castellano castizo “son los que se comen el marrón”.




Ha llegado el momento del cambio de “Boss”. Acto seguido nos han modificado los planes del día. Queríamos descansar, es decir no hacer nada pero Anil D’Souza acababa de conocer un lugar que le ha parecido de interés turístico para nosotros y que estaba a media hora de nuestra casa. Lo cierto ha sido que hemos tardado una hora en llegar, de día, nos hemos  deleitado con el paseo. El lugar, sí pero bueno, una reproducción de la vida en diferentes castas de Karnataka que ya las habíamos vivido. 


La vuelta ha sido entretenida. Carreteras sinuosas, trabajadores volviendo del campo, rebaños de ovejas, cabras, vacas y búfalas dueñas absolutas del centro de una calzada de por sí estrecha, con baches y una luz cada vez más débil hasta que ha anochecido por completo y Andoni le ha preguntado al chofer porqué no encendía las luces. “Si ya veo” ha sido la respuesta de Malapá, el conductor, al tiempo que se nos venía encima otro coche de enfrente que no nos había visto. Una vez encendidas las luces del coche, al principio ha entendido que hablábamos de las interiores, para ver mejor ha puesto las largas como lo han hecho todos los que se acercaban en sentido contrario. Inenarrable.



Hemos llegado sanos y salvos y en la puerta de la habitación nos hemos encontrado con Lalitha que había venido a despedirse (por penúltima vez porque hemos quedado con ella para el adiós antes de que se vaya mañana a clase). Karmelo se frotaba las manos (ahora al recordarlo, también). Le hemos pedido que nos cuente su vida. “Pero ¿desde cuándo?” ha respondido sorprendida. 




Fue el 2002 cuando tuvo que dejar la escuela con once años. Esto se debió a que su padre abandonó a su segunda mujer, la madre de Lalitha. Trabajó en varias casas en Bangalore y otros sitios durante dos años y fue a aterrizar como ayudante de la cocinera anterior a la actual a Jnana Jyothi.

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